¿Qué es el humanismo empresarial?

Con la aparición de la sociedad industrial, el mundo del trabajo se separa en buena medida de la atención a la vida humana, de «lo humano en el hombre». Como la ruptura entre el modo de trabajo y el modo de vida no se puede mantener, el nuevo estilo de producir cambia la estructura de la sociedad y, como consecuencia, al hombre mismo. A partir de entonces, no se busca ya que la vida sea, en su conjunto, un éxito, sino tener éxito en la vida. Y así el mundo pierde humanidad.

El modelo social vigente no basta

Según el esquema hoy en uso, el desarrollo del saber es siempre estratégico, y busca fórmulas que puedan convertirse en técnicas válidas para el mejor control de la realidad, sea ésta social o material. El que no sigue ese hábil procedimiento es, según se piensa, un ser lleno de ingenuidad, que no puede afrontar con garantías una existencia que está concebida como lucha, abierta o larvada.

Esta tesis, cristalización de una determinada filosofía del hombre y de la sociedad, deja traslucir, cada día más, sus graves deficiencias. De hecho, crece el número de voces que la rechazan -pese a la inercia existente todavía en no pocos ambientes-, y es interesante comprobar que muchas de ellas provienen del mundo empresarial. Lo cual no resulta extraño si se considera que una pura filosofía del triunfo rompe la sociedad, pero ninguna empresa puede sobrevivir en un medio social empobrecido.

El predominio de una visión meramente competitiva, en buena medida, ha convertido al mercado en una guerra con reglas, pero sin principios y sin interés por lo verdaderamente humano; ha cargado toda la tarea llamada «social» o «humana» -convertida en problema frecuentemente como consecuencia de la filosofía empresarial mencionada- sobre los hombros de un estado que se pretende mínimo pero que crece inevitablemente; y ha impregnado diversas esferas de la comunicación social de un lenguaje táctico y de superficie, que sirve y está pensado sobre todo para captar voluntades.  

                                                        


El humanismo, algo más que un ornato cultural

No son pocos los que aprecian y se interesan por las humanidades. Pero, con frecuencia, las conciben como un puro ornato cultural. Sin embargo, si el problema es el olvido de «lo humano en la sociedad y en el hombre», la solución definitiva no puede venir sólo de la mano de los saberes técnicos -por más que sean imprescindibles-, sino por la introducción operativa de lo humanístico en todos los niveles y, particularmente, en el mundo empresarial.

Es menester abandonar la idea de que los saberes humanísticos se adquieren sólo para poder gozar particularmente de ellos, para adornar o para presumir. El humanismo ha de demostrar también su eficacia mediante su aporte directo a la mejor construcción de la sociedad. Se trata de un amplio programa con muchas claves, una de las cuales es la ética empresarial. ¿Cómo lograr la ampliación del espíritu para darse cuenta de la complejidad de los problemas y de lo desproporcionado de querer arreglarlos mediante el recurso a meras técnicas de triunfo en el foro económico o político? Es necesario, pues, conocer los principios y los fines.

Las consecuencias están en la mente de todos, aunque no todos se atrevan a expresarlas. Hay una conciencia de que la corrupción, más allá de las personas individuales, afecta al sistema mismo y a su filosofía.

Existen deficiencias en la concepción vigente de la vida económica y política, pero, sobre todo, falta una idea clara de cómo promover una sociedad más humana. Sin ella todo logro político o económico es necesariamente fugaz. Cualquier empresario responsable sabe que no puede esperar ninguna estabilidad en un medio en el que sobreabundan las gentes sin educación profesional ni ética, y donde reina, por tanto, la desconfianza.

Integrar el humanismo en la vida diaria

Así pues, junto a la aportación de la economía, el derecho, la ingeniería, la administración, la psicología y la sociología, las ciencias y técnicas empresariales e informativas, la introducción práctica de las humanidades contribuirá a que el anhelo de hacer más humana la sociedad se realice. Para lo cual Empresa y Humanismo opera en el plano de la formación permanente de las personas.

Cómo integrar todas las actividades con un sentido humano del espacio y el tiempo, con el lenguaje preciso y la filosofía requerida: ésa es la tarea. Y ha de ser realizada mediante la ayuda y a través del diálogo con los diferentes profesionales, particularmente los que trabajan en la empresa.